La noche es
Ese cartílago oscuro
Que impermeabiliza los dolores
Que ensordece los graznidos
Y da eco a los gritos silentes de las almas despiertas
La noche
Es el silencio que me coje de la mano
Orillando todo el contorno de la tierra
La que me ilumina a esos lugares con los que sueño
La que da penitencia al injusto
La que para el galopante corazón del joven indomable
La que cubre y sostiene a medio mundo
Cuando el otro medio, cada amanecer, se levanta
Mi diario es un tapiz desmadejado. Deshilachada alfombra hilvanada de impulsos, cada vez más recurrentes. Pido perdón a la literatura. Esto no lo es. Solo que algo en mí urge salir y por aquí lo hace.
26 de julio de 2016
2 de febrero de 2015
Candelaria
Hoy habría levantado el teléfono, me habría plantado en tu
puerta y te hubiera comido a besos. Habríamos pasado la sobremesa la una junto
a la otra, dándonos ese calor tan nuestro. En cambio hoy mi teléfono sólo sonó
una vez, para recordarme que hay más gente que hubiera hecho lo mismo que yo.
No me he movido de la puerta de mi casa, y he comido rápido y sola, para
terminar antes. He empleado la sobremesa en quehaceres cotidianos para evitar
tristes pensamientos. Solo he tomado el coche para venir al trabajo. Estás tan
lejos que a veces pienso que si me vieras no me reconocerías, pero sé que tú me
reconocerías entre un millón de personas... Aun así, al igual que el tiempo a ti
te mantiene eterna, yo ya no soy aquella mujer joven de la que te tuviste que
despedir… Guarda este año otra vez mi trozo de la tarta, quiero comérmelos
algún día todos contigo. Feliz cumpleaños…
9 de julio de 2014
Por qué nos ganan los malos
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Podría ser el título de una comedia en clave futbolera,
ahora que el Mundial de Brasil enfila su recta final, tras la debacle del
anfitrión frente a Alemania, y también mientras nos quitamos el amargor de
nuestro efímero y pobre paso por el torneo con el dulzor que deja la venganza cobrada
contra el aficionado canarinho que nos maltrató con sorna.
Pero es más… Preguntarse por qué nos ganan los malos es
buscar razonamiento donde no lo hay. Porque el malo no siempre agrede y eso
descoloca a cualquiera.
Un malo de libro tiene la mirada fría y penetrante, a su
alrededor se hace un silencio atronador y no se caracteriza por su sonrisa. De
ahí que al toparnos con un malo más malo (por malo aquí hay que aceptar “falso”
o “engañoso”) no sepamos por donde nos va a venir el golpe… Y paso a relatar.
La fortuna me ha puesto por el camino malos de libro, malas
de libro, y, en los últimos tiempos, malos de postín. Son estos últimos
especialmente letales, puesto que se hacen invisibles en una primera incursión
en tu vida y, para cuando ya les has “calado” es demasiado tarde.
Tiraron a la basura el manual del perfecto malvado y gastan
por toda arma una impasibilidad rayana en la apatía y la hipotensión… porque a
priori parece que todo les es ajeno… pero no con el porte chulesco del que así
lo demuestra, sino con la desgana y laxitud de quien no tiene muchas ganas de
ser malo, simplemente lo es por no ser bueno. Nada más que añadir.
Palabras como empatía y sensibilidad son las antípodas de
estos personajillos que pasan por el mundo sin pena ni gloria, sin dejar apenas
una estela visible siquiera a pesar de su visible tonalidad plomiza; porque su
condición de grises es notoria cuando te detienes a analizarlos.
Llevan a su favor el mostrarse tal cuales son. Probablemente
a ellos con eso les baste, creyéndose auténticos aún en su mediocridad se
sentirán aliviados tras sacudirse la polvareda que sigue a sus estropicios.
Recientemente he podido comprobar cómo trabajan, lo he visto
bastante de cerca, a riesgo de ser yo su próxima víctima. Desconozco si esa
ausencia de visceralidad en su comportamiento es un mecanismo de defensa o
simplemente una carencia severa que tratarse con un especialista. Pero ya me
cansé de psicoanalizar a todo bicho viviente, máxime si éste tiene ya
suficiente recorrido vital como para habérselo hecho mirar él solito.
Solo añadiré que en su juego nuestra derrota moral es sólo
el comienzo. Incluso antes de ver caer su zarpazo podemos sufrir y ahogarnos
sintiéndonos víctimas de tan insulsa maldad (que no por nimia es virulenta). Pero la desgracia no se acaba aquí, porque ni a la víctima más fría se le
escapa un arrebato de cólera contra el malhechor. Y sin embargo, en muchos
casos, ante estos esperpentos de malvados no nos salen ni los insultos.
Lástima,
porque probablemente de eso sí que necesitarían más de una dosis.
12 de junio de 2014
Lo auténtico
Buscas desesperadamente ese destello que te ciegue y te haga
ver que estás en lo cierto, que lo que has visto sucede, porque te deslumbra y
te duele, pero después te guía.
Llevas demasiado tiempo parpadeando nervioso hacia esa ¿certidumbre?
que es esquiva. Juega contigo con la alegría de un niño que acaba de salir al
parque. Ya crees que es imposible seguir esperando cuando cierras los párpados
con desesperación, con la auténtica angustia de quien sabe que sus miedos y
necesidades no serán respondidos nunca. Pero, mientras aprietas fuerte sus
pliegues te reconoces en ese arenoso dolor: has encontrado lo auténtico en una
mota de polvo.
La observas con desconfianza y a pesar de su extrema pequeñez
reconoces en ella todo aquello que de tan cotidiano te resulta hueco, pero que
realmente es lo que dota a tu vida de autenticidad.
Suerte! Es lo que más te deseo cuando te veo así, mirándome
acusador desde el otro lado del espejo, amigo. Que lo peor que te ocurra otra
vez, sea volver a verte envuelto de esa frenética locura que es el saberse
solo. No estás solo, eso que te envolvía eran artificios, puras mentiras. Hoy
por desgracia pueblan nuestros rincones cada vez con más frecuencia. Pero
tienes lo auténtico, aunque sea escondido en una pequeña cajita bajo tu pecho
sofocado.
3 de abril de 2014
Paseo urbano
Se calzó
unas viejas babuchas de piel y salió a la calle para despertar con el frío y la
aspereza del asfalto bajo sus talones. Necesitaba experimentar cierto dolor.
Ser consciente de que tras un paso vendría otro, y luego otro… E incluso creía conveniente
llegar a retorcerse por la punzada ajena que deja en los costados la huida.
Sentía que
el viaje hacia su autoconocimiento comenzaría una vez que se atreviera a
abandonar de manera silenciosa aquella casa, preñada de ruidos y olores, que
con no poco esfuerzo había contribuido a llenar durante los últimos años.
Atrás
dejaría muchas metas alcanzadas. Más, probablemente, de las que había soñado
cuando era pequeña. Demasiadas cosas terminadas y otras muchas por terminar.
Estas últimas especialmente apiladas, esperando su turno; aguardando ya más
tiempo del debido, molestando su conciencia y haciéndole tropezar cada día.
Había
cometido la torpeza de convencerse de que la felicidad se la ganaría a pulso
por sí misma, que sola habría de encontrarla, y que no necesitaría a nadie para
conseguirla. Y que por eso sería doblemente más feliz cuando una vez alcanzado
ese grado de bienestar pudiera, ya sí y sólo entonces, compartirla con la
persona adecuada.
Con cada
decepción, año tras año, mes a mes, el ritual se repetía: miraba siempre al
espejo, la vista aturdida por los nubarrones, y se veía como una figura de El
Greco. Lo que más miedo le daba no era observarse así, deformada y espectral: una
niña disfrazada con la piel de una mujer, siempre con más tallas de las
debidas…. Algo indefinible, sin brillo ni belleza, ni ortodoxa ni figurada…
algo como un ser humano a medio diseñar, incompleto entre las curvas groseras
de su cuerpo y las sombras malvas de sus ojos.
Lo que de
verdad le aterrorizaba es que alguien más pudiera verlo. Por eso siempre evitó
todo lo que pudo que su dolor fuera visible, aunque no siempre lo conseguía.
Entonces,
en esos momentos de debilidad en los que por un error alguien se había dado
cuenta de lo que ocurría ella sacaba la bolsa del confeti y empezaba a
esparcirlo. Generalmente no era necesario hacer más: la sola incredulidad del
interlocutor bastaba para hacer olvidar el problema.
Al fondo de
la calle un coche se dirigía despacio hacia ella. Tendría que variar el rumbo y
volver a subir a la acera. Ese no era el camino, estaba claro. Mientras aguantaba
todo lo posible para hacerlo, dudando entre cerrar los ojos o dejarlos así,
entreabiertos y deslumbrados por la bruma, volvió a pensar en los porqués y
sintió un vértigo terrible que le obligó a sentarse sobre el bordillo.
Con la
cabeza entre los brazos comenzó a repasar cada una de las veces que se había
negado a toda ayuda.
¿Nunca la
ayudaron o siempre la negó? ¿Víctima o mártir? ¿Tan trágico tenía que ser todo?
¿Sentirse así era un delirio egoísta? ¿Se sentía superior? ¿Dramatizaba en cada
instante en que vivía? ¿O era sólo simple angustia? ¡Qué duro era volver a auto
analizarse así! Ella no quería volver a alimentar esas ideas, ella simplemente
quería pasar página, curarse de aquellos males como quien supera una gripe.
Todo aquello la dejaba extenuada pero sabía que pronto volvería a sentirse
mejor. La mentira más grande jamás vestida con tanto brillo. Porque sabía que
el dolor, la levedad del ánimo, iban a volver, lo harían en cualquier momento. No
avisa, eso ya lo había aprendido.
Pensar en
todo aquello, dar vueltas en espiral sin hallar la salida, ahondaba aún más el
pozo que se abría bajo sus piernas. Un hormigueo extraño se había instalado en
la base de sus gemelos y trepaba hacia su espalda como un enemigo desconocido e
insaciable. Cuando el temblor conseguía humedecer sus ojos llegaban de
inmediato los reproches. La tristeza que le invadía se transformaba en furia.
Es injusto,
se decía, que nada de lo que con tanta fe construí ahora me ayude a espantar
este fantasma azul que se empeña en abrazarme.
Las
cavidades de su corazón ya se habían contaminado de las malas recetas que usó
en los años anteriores para superar a diario esa sensación de abandono absoluto
a la que se veía sometida. Ahora era preciso salir a caminar y expulsar el
veneno que de nada le ayudó.
Todos, sin
excepción, se habían marchado de su lado. Llevaba sola muchos años, pero era en
los últimos días cuando realmente se estaba dando cuenta de su invisibilidad.
Quiso gritar, pero fue imposible, seguía muda, como cuando niña las compañeras
de escuela se metían con ella.
20 de marzo de 2014
Sueño
Le soñé fumando…
… me confesó que sólo lo hacía cuando no podía más…
… también me habló de un amor secreto…
una correspondencia clandestina con una mujer sin rostro.
Sus palabras le alegraban la vida
SOLO sus palabras
Le soñé explicándome
Le soñé
Entre nosotros, el aire viciado
Que me seguía asfixiando
Padre
Hombres...
Que con poco más de ocho años salieron a pastorear cabras para ayudar a su familia, huérfana de padre, y que se adentraron en la treintena en la capital en a aquellos años cincuenta de la escasez y la necesidad del olvido.
Hombres que no tuvieron la suerte de disfrutar del "concepto" padre que décadas después llenó de orgullo parques y polideportivos.
Hombres que aún resisten, 85 años después, a un siglo XX INJUSTO y un siglo XXI INGRATO.
Porque aun siempre con la impuesta distancia contribuiste a hacerme tal como soy. Y porque mis genes lucharán por mantener siempre viva tu memoria.
Quiero creer que tendré aún los años precisos para seguir sintiendo de corazón, en vivo, todo lo bueno que has hecho por mi.
Gracias papá. Sigue así de fuerte. Te adoro.
Que con poco más de ocho años salieron a pastorear cabras para ayudar a su familia, huérfana de padre, y que se adentraron en la treintena en la capital en a aquellos años cincuenta de la escasez y la necesidad del olvido.
Hombres que no tuvieron la suerte de disfrutar del "concepto" padre que décadas después llenó de orgullo parques y polideportivos.
Hombres que aún resisten, 85 años después, a un siglo XX INJUSTO y un siglo XXI INGRATO.
Porque aun siempre con la impuesta distancia contribuiste a hacerme tal como soy. Y porque mis genes lucharán por mantener siempre viva tu memoria.
Quiero creer que tendré aún los años precisos para seguir sintiendo de corazón, en vivo, todo lo bueno que has hecho por mi.
Gracias papá. Sigue así de fuerte. Te adoro.
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